viernes, 4 de septiembre de 2009

Camino...

Jueves en la noche

Que estoy triste, que siento que lo que hago es inútil, vano, torpe. Pienso, mientras camino frente a la abandonada casa de los 10 en Santa Rosa-no se por qué- me viene la imagen de algo tan cruel y retorcido como un velero en una botella. Un velerito que quisiera hinchar sus velas pero que está en el estante de algùn idiota que cree que es decoración, que cree que torurar sus mastilcitos es gracioso. Pienso en el tema de Ubiergo... Lo bajo y lo pongo en el facebook

Truman Capote: "Soy Alcohólico, soy Drogadicto, soy Homosexual y Soy un Genio:o si la identidad es parte o no de la obra

Esta noche hacía frío y he estado parado frente al televisor, incapaz de sentarme, incapaz de perderme algo de la película frente a mis ojos. “A Sangre Fría” (Richard Brooks, 1967) La he visto muchas veces, pero hoy la veo después de haber leído por enésima vez el libro de Truman Capote y de tener en el Cuerpo “La Canción del Verdugo” y la película con la actuación de Tommy Lee Jones. La casa esta vacía.Entonces veo la película con ojos nuevos.
Yo ya adoraba a Brooks y ví sus películas entre los insectos del Cinelandia o del Río – “Muerde la Bala” con una Candice Bergen inigualable, también “El hombre del Lente Mortal”, “Dólares” con Goldie Hawn hermosa y perfecta, antes de hacerse cómica y tonta. De pendejo había visto otra de Richard Brooks “Looking for Mr. Goodbar) con Diane Keaton.

Ver el trailer http://www.youtube.com/watch?v=sf6_9DMJQ_A

Era la época antes del Sida y en plena Era Disco. Tras una breve relación sentimental con un colega, Theresa Dunn (Diane Keaton) decide independizarse de su opresiva familia. Así, comienza una metamorfosis que hace de Theresa una compasiva profesora de niños sordos por el día y una mujer en busca de sexo libre por los tugurios de la ciudad, durante la noche. Era la posibilidad de ver desnuda o semi al menos a Diane Keaton, después de haberla visto tan perfecta en el Padrino, no la iba a dejar pasar por alto. La ví en algún cine de playa, en el Río o el Ritz y en el Normandie. Era una película muy cinéfila. De hecho, en el trailer hay una escena graciosa en que el amante de turno (Ricahard Gere) ve que Theresa está leyendo el libro "The Godfather" y que la portada es el afiche del film, y le dice “Ya ví la película”.
Una sórdida adaptación de la novela de Judith Rossner,-esa la leí después- que cuenta la historia de una profesora que se dedica a consumir diferentes drogas y a recorrer bares buscando parejas sexuales. Toda una visión de la vida urbana y la sexualidad contemporánea. Sigue siendo digna de verse, sobre todo por actuación de Diane Keaton en uno de sus mejores momentos.

Pero entonces vi “A Sangre Fría” en le tevé. Aún no existía el cable ni el video. (Estábamos en Chile) Un robo frustrado. Una masacre sin sentido. Una fuga delirante. Una investigación desapasionada. Un amor no correspondido entre dod hombres. Un rencor irreprimible. Una furia incontenible. Un regreso estúpido. Un destino inevitable.
Unas actuaciones dispares. Una dirección impecable. Una película magistral
Pero era un libro. Tenía que leerlo. A la semana o dos, un compañero tenía el libro sobre la mesa en el colegio. Lo tomé prestado. Lo leí en una noche antes de devolverlo (no se dio cuenta jamás) y comprarlo donde el Paco Rivano una semana después fue una aventura. Me costó “la mariguana de una semana”.El realizador Richard Brooks leyó A sangre fría mucho antes de que el libro fuera publicado. (Eso lo se ahora)
Fue el propio Truman Capote el que le procuró las pruebas de imprenta del texto, que iba corrigiendo incluso antes de que Perry Smith y Dick Hickcock fueran finalmente ejecutados.
Truman Capote siempre quiso a Richard Brooks detras la cámara.
Era la historia de una masacre. Fueron 6 los asesinatos a sangre fría. Lo explico después.
Dos jóvenes desarraigados asesinan a los Clutter, una familia típica americana, hombres de camisa escocesa almidonada y planchada, cabello corto y bastante miopes... Lo hacen por error, por despecho, por un mísero botín de 43 dólares, un transistor y unos prismáticos, un dólar de plata. No, es un error, el dólar de plata no se lo llevan y las consecuencias que ello tendrá en sus vidas y en la propia sociedad.

Los asesinos, Dick y Perry, acaban de salir de sus encierros (el primero de la cárcel y el segundo del psiquiátrico) y se proponen desvalijar la caja fuerte que Herbert Clutter tiene en su granja. Lamentablemente la caja no existe y los Clutter serán exterminados.
La película nos muestra el contraste entre la familia de las víctimas, perfectamente estructurada (Herbert Clutter en un momento dado tiene que asumir una de las tareas de su hija, que se ha comprometido a ayudar a tanta gente ese día que no da abasto), y las familias de los dos asesinos, apenas simulacros en las que el alcoholismo, la violencia y la marginalidad serán su vida familiar.
Dick y Perry consiguen huir a México después de cometer el crimen pero una especie de destino implacable les hará volver a Kansas, donde finalmente son atrapados.

Su condena y posterior ejecución ponen fin a la historia de Capote en la que Brooks nos hace reflexionar sobre la naturaleza del crimen y la respuesta que la sociedad da en este tipo de situaciones.
La película es magnífica, en un hermoso blanco y negro que refleja la dualidad de la violencia individual frente a la violencia institucional (la frase no es mía pero me ha parecido que resume perfectamente el fondo de la historia). La adaptación de la novela me gusta, aunque como es lógico deje fuera muchos detalles importantes. Verla con el libro ya leído -más de una vez- ayuda a llenar esos vacíos que no pueden contarse en dos horas.
Los actores protagonistas realzan la película (especialmente Robert Blake en el papel de Perry, que dota al personaje no solo de una apariencia física tal y como uno se la imagina al leer la novela, sino también de matices de ternura, fragilidad, trastorno mental que nos enseñan la compleja psicología del personaje). Ahora supe que el casting deseado inicialmente era Paul Newman y Steve Mcqueen, que posiblemente hubieran dotado a la película de mayor poder comercial, pero que dudo que hubieran mejorado el resultado final. Con la misma certeza con que Capote escribió la novela, Brooks intentó dotar al film de un rigor absoluto rodando en los mismos escenarios del crimen en que se basa la novela (veremos la casa real de los Clutter, en las fotos de las habitaciones vemos a los auténticos Clutter, la sala del juicio es la autentica, e incluso vemos a seis de los jurados que dieron su veredicto en la vida real:muerte en la horca.
Los 2 pares de ojos que nos contemplan desde el cartel de la película son los de los auténticos Dick y Perry.

Así como no puedes dejar la novela una vez empezada, asimismo es dura hasta lo intolerable.
Hay dos escenas para no olvidar, la primera es la confesión de Perry al cura antes de ser ejecutado, frente a la ventana de la celda. La lluvia reflejada en su rostro cual lágrimas y el relato de su juventud es realmente emocionante.
http://www.youtube.com/watch?v=IVDxfDNq2VU&NR=1
La segunda es el plano final del film, con la sobreimpresión del título de la película, en un claro alegato anti pena de muerte, quizás incluso más acentuado que en la propia novela.
http://www.youtube.com/watch?v=ObEVbKTDtGA&feature=related
En el momento de su estreno, A sangre fría, significó lo último en violencia cinematográfica, un concepto que, por supuesto, ha quedado superado con creces en nuestros días. Brooks concibió una película cuya narración alternó desde diversos géneros: si bien arranca como una road movie, a partir del crimen cometido en la granja de los Clutter comienza el thriller, que da lugar a una posterior investigación criminal.
Filmada con tanto realismo y dureza como los asesinatos, la secuencia de la película que refleja la ejecución se erige en un vigoroso alegato contra la pena de muerte.
Brooks quiso evitar realizar un estudio del horror y todo juicio moral acerca de las acciones dictadas por las mentes psicópatas de Perry y Dick, que fueron interpretados finalmente por Robert Blake y Scott Wilson.
Por eso, la frase final del periodista que presencia sus ejecuciones -«cuatro inocentes, dos culpables, seis asesinatos», dice exactamente- resume el sentido moral otorgado por Richard Brooks a su película.
La imagen final o la falta de ellas. Una pantalla virada a negro y el sonido de un corazón que deja de latir, es inolvidable.
Pero no habría hecho hoy esta nota si no hubiera sido por el imbécil que dijo que si, que Gabriela Mistral era lesbiana, que sí que podía ser, pero que no afectaba su lectura.
Entonces hice la relación con la película y con Capote. Sólo los Dioses saben porqué las cosas se conectan. Dios permite que a veces los hombres sueñen cosas que son ciertas, dice Borges en una milonga.

En 1959, Truman Capote repara en una notica del periódico, que habla de un espantoso asesinato de una familia entera en el estado de Kansas. Algo le mueve a viajar hasta allí para escribir un artículo al respecto. Una vez en el lugar, empezará a adentrarse más y más en el caso, llegando a entrevistar a los asesinos. Pronto el artículo se convertirá en un libro, que le obsesionará extremadamente. Tanto como haberse enamorado de uno de los asesinos, al que trató de mantener vivo – o eso es parte de su leyenda – y no terminaba la novela porque sabía que ese final de escritura coincidiría con su ejecución.
La anécdota hay que reexplicarla. En 1959, en Holcomb, un pequeño pueblo de Kansas, la familia Clutter (un agricultor, su esposa y sus dos hijos) apareció muerta: habían sido atados y acribillados por personas desconocidas sin ningún móvil aparente. Esto sembró la paranoia en el lugar y atrajo a todos los medios del país. Capote fue enviado allí por The New Yorker. Sin embargo, no tardo mucho en darse cuenta que tenia lo que necesitaba para su esperada gran obra.

Paso seis años siguiendo de cerca la investigación y hablando con los habitantes del pueblo, los cuales no lo veían con buenos ojos debido a su excentricidad, su alcoholismo, desenfadada manera de ser y su sexualidad (Capote era homosexual); sin embargo, en todo ese tiempo, logro averiguar lo suficiente para armar el entramado de su novela, donde se mezclan las opiniones de los personajes del pueblo, junto con entrevistas a los policías encargados del caso y amigos íntimos de la familia. Pero Capote no se quedo allí: cuando atraparon a los asesinos fue a entrevistarlos a la cárcel y trabo amistad con ellos.

Los asesinos eran dos: Perry Smith y Dick Hitckock, dos psicópatas, ex-convictos, que guiados por los exagerados rumores que Floyd Wells,un compañero de celda de Hitckock, le habia dado acerca de la riqueza de Clutter habia cometido el hecho... para escaparse con menos de 100 dólares con rumbo a Méjico.
En la novela Capote traduciría – decía tener una memoria perfecta - esta conversación así: (Yo la transcribo)
"No puedo recordar exactamente como fue que hablamos sobre el señor Clutter. Debió de ser cuando recordamos los empleos, los distintos trabajos que habíamos hecho [...] Le conté que yo habia trabajado durante un año en un importante campo triguero, en el oeste de Kansas. Para el señor Clutter. Quiso saber si el señor Clutter era un hombre muy rico. Le dije que si. [...] Y desde entonces nunca jamas dejó Dick de preguntarme cosas de aquella familia. ¿Cuantos eran? ¿Que edad tendrían los niños? ¿Como se llegaba a la casa exactamente? [...] Dick empezó a hablarme de matar al señor Clutter. Decía que él y Perry se irían para allá a robar y matarían a todos los testigos, a los Clutter y a quien quiera anduviera por allá. Me describió docenas de veces como iban a hacerlo, como él y Perry iban a atarlos y después a pegarles un tiro. " Gracias la confesión de Wells, la policía los atrapo cuando, agotados de su periplo por Méjico, ya sin dinero, habían vuelto con la intención de Hickock de colocar algunos cheques falsos a ex-compañeros.
Detenidos y condenados, esperando por la ejecución en la horca, Capote tuvo el tiempo necesario para ganarse su confianza y reconstruir su vida y su itinerario antes y después del asesinato.

Smith le simpatizo de entrada, Hickock no. Sin embargo hablo con ellos hasta tener el material suficiente y los acompaño cuando tuvieron que cumplir la condena que les habían dado: Habían matado a sangre fría, y a sangre fría serian castigados. El 14 de abril de 1965 fueron colgados.
La novela, titulada A Sangre Fría, fue un éxito y llevo a Capote al
centro de atención de todos los medios de prensa del país, apareciendo en las portadas de las revistas mas importantes mientras recibía invitaciones a ilustres casas de campo y paseos en yate junto a celebridades. Sin embargo para él el libro había sido una experiencia traumatizante que marcaría su vida desde ese entonces.
A pesar de que la novela estaba escrita en un tono frío, periodístico, donde el narrador nunca aparece, ni se involucra, y narra los hechos con un tono disciplinado y alejado, el hecho había calado hondo en Capote quien habia entablado amistad con Perry Smith y sentía cierta similitud con este: ambos venían de un pasado familiar borrascoso y confiaban en el arte para sobresalir (Perry se consideraba un artista y se veía a si mismo en el futuro como un hombre orquesta, aplaudido por las multitudes). No es inútil pensar en esos años desalentadores en los que Capote recorría Kansas para armar su obra, acusado por muchos de haberse vuelto loco, sin saber si podría llevar a cabo su proyecto, sin tener idea si sacaría algo de allí y obligado a volver a un pequeño y deprimente pueblo donde no pasaba nada como contaría después. Esos hechos lo ponían en contacto de nuevo con su infancia en su propio pequeño pueblo y es factible pensar que lo afectaron mas de lo que quiso, viendo en Perry lo que él mismo hubiera podido ser si no hubiera tenido éxito.Esa fue la idea con que Philip Seymour Hoffman interpretó a Capote en el reciente biopic.

Sin embargo Capote brillo con buena luz en esa época, y nadie pareció notar nada extraño en él: la mayoría de sus amigos creían que se merecía un descanso y él también. Acudió a infinidad de reportajes y vio como su novela permanecía 35 semanas en la lista de éxitos de The New York Times, donde habia aparecido primeramente en cuatro entregas entre octubre y noviembre de 1965.

En ese sentido, como autor, como novelista, Capote era maravilloso.Compersona, un desastre y sus relaciones con sus parejas, un desatre mayúsculo.
”Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”.
Nunca dijo “soy un genio y además homosexual.”
El era lo que era.
Genial, polémico, prócer de la novela norteamericana, el autor de A Sangre Fría llevó una vida alocada, entre reconocimientos y carencias afectivas. Drogas y alcohol eran el plato fuerte de su menú. Nadie como él fusionó ficción y realidad.

Toda su vida fue un largo, convulsionado y caótico puente tendido hacia su infancia desgraciada, sin amor, sin rincones. En ese camino de regreso, Truman Capote dejó parte de las mejores páginas escritas en la rica literatura norteamericana y la una nueva concepción del periodismo, de una inédita manera de contar los hechos noticiosos, de una inexplorada, todavía hoy, y apasionante forma de acercarse al lector común. Truman buscaba cómplices, no lectores. También buscaba amor.
Como un desesperado. Cuando se es víctima del desamor, como lo fue Capote, lo único que queda a mano es la desgracia. Y el terror. Y un coraje "denodado, eso sí, para afrontar lo insoportable. .
La definición era un grito: "Soy un alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual. Soy un genio." Llevaba razón.
Dos meses antes de morir se presentó en una entrevista con otras dos frases breves, "Aquí está el incomparable Truman Capote. Nunca hubo nadie como yo, y no habrá nadie como yo cuando me vaya".
Supongo que los mistralianos dirán: Sí también, era homosexual pero "A sangre fría" es una novela policial y no tiene nada que ver...

A veces no puedo dormir pensando en la inutilidad de lo que escribo

A veces no me puedo dormir pensando en la inutilidad de lo que escribo.
No me puedo dormir pensando en escribir, a veces qunque no tenga el computador cerca y entonces emborroneo páginas de cuadernos y croqueras.
No me puedo dormir porque allí, en la oscuridad, despierto y tipeo, tipeo, tipeo mentalmente la cantidad de ideas que nacen. En mi cabeza parecería que logro escribir a la velocidad de lo que pienso. Pero prendo la luz, me levanto y camino hasta la computadora y he olvidado el 50% de las cosas. Mis dedos son torpes frente al teclado y no logran hablar con la velocidad que creo necesitarlos. No entiendo cómo funcionan los recuerdos. Que puedo recordar ese aroma y esa ropa y esa cita y ese verso... pero sé que olvido y que no sé exactamente qué es lo que he olvidado porque si lo recordara ya no serìa olvido. Por que sé que mi memoria es absolutamente frágil en la misma proporción en que no lo es en absoluto y podría recordar perfectamente la ventolera en la playa en un verano de mi infancia, pero olvidaba pagar cuentas hasta que ella decidió que mi desidia era mercedora de su olvido. Deseo, necesito, prefiero, por lo menos, ponerme a tipear lo que queda de imágenes y recuerdos, aunque no exactamente para que sirva ponerlos en negro sobre blanco. Los restos náufragos de aquellas cosas que eran tan potentes en mi mente en la oscuridad y que no son estas que estoy diciendo ahora. Eran otras grandes y hermosas, como escuchar un aria de ópera en la radio a pesar que el CD que he perdido suena mejor, sigoi pensando que el recuerdo de esa e´misiòn, de esa tarde de lluvia es tan poderoso como el andar de un dinosaurio... ¿Entonces por qué no soy capaz de contextualizar? Mi amigo Fesal levanta un poema de recuerdo a Jecar Neghme y yo me acuerdo de ese dìa y me acuerdo de haber estado preparando huevos revueltos mientras el biberón de mi hija se enfriaba, y la voz en radio umbral hablando de la muerte de nuestro compañero y mi ropa al momen to de ese mañana, la camisa blanca recién planchada y los jeans planchados con la raya y el saco negro... Había bañado en la tina a mi hija y después la habìa vestido para llevarla a la sala cuna mientras las lágrimas no dejaban de caer.
No se exactamente qué es lo que quiero escribir. Escribo para alguien, algunos amigos y amigas lectores y lecttoras lejanas en ciudades pequeñas o más allà del mar en la helada Suiza, pero quisiera lograr algo. Quizás el escribir sea un pàlido sustituto de ser querido.
Soy valiente en algunas cosas. Ya no existe el terror a la página en blanco. Sobre todo cuando ya no hay hojas en blanco. Solìa pensar que amaba el olor del papel... también en còmo la màquina de escribir golpeteaba y marcaba el papel. Algunos escritores hablan de eso. No sé quién será el culpable - quizás mamá -, pero la verdad es que escribo compulsivamente. Cartas, discursos, anàlisis, coyunturas, declaraciones, crónicas, listas de tareas y trabajos que debería realizar alguna vez –en otra vida, cuando sea una persona organizada–, correos, a veces manuscritos, cartas de verdad. Amaba la máquina de escribir ue algún día recuperaré, porque armaba los textos, los releía, los editaba y los mirabar como piezas únicas, sin errores, como formas irrepetibles, con destinatarios particulares.
cada vez que me equivocaba o golpeaba una tecla equivocada, rompía la hoja y volvía a empezar porque creía que era una señal.
Entonces me llevaba mucho, mucho tiempo. Y no hacìa cosas realmente importantes. Y otras veces me da vergüenza o prefiero no dejarme tan a la vista y no puedo neutralizar las palabras y la escritura porque para mí éste es un hecho donde se juegan demasiadas cosas. A veces escribo las respuestas y no las mando. A veces escribo pensando en algún, alguna lector lectora en particular y me arrepiento de haber juntado todas esas letras en una frase.Cuando me siento a escribir escribo y lo que me da terror es la página llena.Se wue quiero resctarlas para editar o armar algo pero tengo miedo de ver mis propias letras y quisiera gritar y pedir ayuda. ¿Pero a quién? (Acabo de recordar a Robert Blake en "A Sangre Fría" ante su ejecución: "Quisiera pedir perdón...¿pero a quién?" Las líneas están llenas de letras y palabras y sueltas y ningún programa logra unificar las partes en una misma cosa o relato llamado: novela o libro. Me angustio, a mi edad, por esa naturaleza difusa y despareja de los textos que escribo, sino también lo que dicen, lo que pueden decir, lo que yo sé que dicen y no les digo y la interminable lista de dobles sentidos y lecturas que permiten.